Las potencialidades de
las nuevas tecnologías como recursos docentes y pedagógicos son tan variadas y
significativas como lo es la propia imaginación del profesor. Entre algunas de
sus principales ventajas se encuentran un acceso más rápido y eficiente a
información de interés (multitud de recursos, portales, repositorios, archivos
digitalizados…), la emergencia de nuevas formas de difusión del conocimiento
(foros, webs de compartición y seguimiento del aprendizaje…), el empleo de
materiales multimedia más ricos y variados (utilización de vídeos, audios,
juegos online, test y ejercicios de práctica con tutoriales digitales…) o la
aparición de herramientas o plataformas didácticas de mejora del aprendizaje.
Sin embargo, aún hoy en
día (en plena sociedad de la información y la comunicación) siguen apareciendo
voces y figuras reacias al empleo de este tipo de recursos y materiales
argumentando que pueden distraer a los alumnos, generar adicciones (como los
videojuegos) o deshumanizar el conocimiento. Frente a los discursos
tecnofóbicos no debemos olvidar que la tecnología no es buena ni mala por sí
misma, sino que son los usos que hacemos de ella los que determinan o
condicionan unas situaciones y efectos (positivos o negativos). Además, es muy preciso
tener claro que la tecnología no ha de sustituir la figura del profesor, sino
que es una herramienta complementaria de la que éste se ha de valer y beneficiar
(enriqueciendo las posibilidades de educación).
Gracias a las nuevas
tecnologías se pueden satisfacer mejor las demandas de un nuevo perfil de
alumno (nativo digital) que se desenvuelve con solvencia en el uso de TIC´s y
que tiene un tipo de inquietudes diferentes a las más tradicionales. De este
modo se puede mejorar la motivación y el interés de los estudiantes mientras se
saca provecho de las amplias posibilidades pedagógicas de las nuevas tecnologías.
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